17/12/08

Mi novia me dejó por un tal Netter

Pintoresco hasta extremos es el día a día de nuestra facultad, de nuestra carrera, de nuestro futuro. Pero es lo que nos queda. Lo que voy a relatar ahora es una situación real que nos puede acaecer a cualquiera, véase en mí un ejemplo viviente.

Corrían tiempos fértiles para las relaciones amorosas. Un invierno poco frío daba paso a una agradable y colorida primavera que, como bien han sabido siempre la gente sencilla, el ritmo cardíaco, la presión arterial media, el flujo sanguíneo, el hematocrito y el recuento leucocitario, altera. Las plantichuelas florecían con la llegada del calor, los aromas florales llenaban el ambiente de matices y alérgenos y una peste a feromonas rodeaba a los estudiantes que llevaban todo Febrero enclaustrados entre apuntes. Y fue entonces cuando yo, cegado por la luz de mis flexos (sí, tengo varios) salí por fin a la calle para encontrarme con ella, la que iluminaba con su presencia. Era una chica simpática, risueña e inteligente, poco pigmentada en general, con IMC medio y generosos adipocitos abrazando sus galactóforos. No se si sería verdadero amor o que realmente mi reclusión había atrofiado mis sentidos, pero me resultó una maravilla como pocas hube conocido antes. Manteníamos conversaciones sobre todos los temas en los que ocupábamos nunca más de dos horas al día (tiempo libre que nos dejaba el estudio), gastábamos ingentes cantidades de saldo telefónico y paseábamos por lugares bonitos. Era una relación idílica como pocas se han visto ni en poemas pastoriles. Pero entonces llegó el día...

Era un día gris, lluvioso; de esos de "en Abril aguas mil", sí, de esos. Hacía frío y algo tenebroso espesaba el ambiente. Yo había amanecido con cierto escalofrío en los pelillos de la nuca y caminé hacia la facultad con la esperanza de abrigarme entre los brazos de mi amada. Allí estaba, radiante como siempre sonriéndome. Yo me acerqué a ella con el corazón radiante de esperanza y le dije (ficción cinematográfica): "Cariño, en mi noche de soledad, mientras caía la pelá frente a mi ventana, he soñado con tus brazos y tus labios. Por eso ahora que te veo en este frío día, vamos a un café, te invito a un chocolate, y déjame disfrutar de tu compañía." A lo que ella respondió: "Lo siento, flor, se acerca el parcial de Anatomía". Y esa tarde me quedé bajo la lluvia deshojando margaritas. La primavera seguía avanzando... sus sonrisas se convirtieron en suspiros y prisas, nuestros paseos pasaron a ser carreras de biblioteca a sala de estudios, y nuestras cenas románticas... a quién pretendo engañar, ya no había cenas románticas, sólo ensaladas (y pocas veces) en los merenderos. La relación estaba abocada al fracaso...

Y así sucedió. Llegado ya el momento no había nada que terminar. La Anatomía se lo había llevado todo, y lo que quedó no era más que un lindo recuerdo, el sueño de una tarde primaveral. Pero se que no soy la única persona a la que ocurren cosas tales. Esto, es como los cafés del Vademecum, o el aceite reciclable con sabor a "indefinido" del Rogelio, es parte de nuestra vida de Facultad.

También hay excepciones, no os desaniméis. Conozco muy buenas parejas que han sabido sobrellevar muy bien los exámenes, profesores y demás chuminadas de la carrera. En fin, será que yo tengo mala suerte. Yo por mi parte, he aprendido la lección:

"A partir de ahora... de letras o de FP"

Un abrazo, me marcho que he quedado...
...con los apuntes de Juandi :'(

4 comentarios:

Menelwen dijo...

uyuyuy, esta historia me suena xD

f.ode dijo...

Si es que en esta faultad te encuentras de lo que no hay xD

Elessar dijo...

xD

¡Minipunto para el décimo par craneal!

JOSAN dijo...

Gone with the anatomy, la nueva versión.